jueves, 12 de abril de 2012

Soñando el futuro...


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Un ligero murmullo me despierta. Es un sofisticado hilo musical que, según el tiempo atmosférico, selecciona una melodía que equilibra mi intuido estado de ánimo y me recuerda que comienza un nuevo día. Con 56 años la fuerza no es la misma, pero aún encaro con buena disposición mis diversas ocupaciones. Mientras mi cuerpo se balancea al son de la música me dirijo a la cocina, donde tras mis correspondientes dosis de homeopatía, desayuno mientras consulto las noticias a través de los diversos canales del panel televisivo múltiple del salón. 

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Nada muy espectacular, y me preparo rápidamente para salir, ya que hoy tenemos un evento importante en la universidad. Tanto es así que, cuando llevo diez minutos en el coche, eléctrico, me doy cuenta de que salí sin comprobar la batería, por lo que tengo que parar a recargarla en uno de los numerosos puestos repartidos por la ciudad.

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Hoy mi jornada termina antes de lo habitual, por lo que decido ir a comprar algo de ropa. De vez en cuando visito establecimientos tradicionales, donde contactar con el género, pero hoy me decanto por un simulador: en él, varias cabinas escanean físicamente a los clientes, permitiéndoles que, en una pantalla a tamaño real a modo de espejo, vayan apreciando su imagen con las diferentes prendas seleccionadas de un catálogo virtual. 

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Tras esto me dirijo al centro, donde he quedado con Alexis y unos amigos. Hoy vamos a hacer algo diferente: hace ya años que no vamos a una discoteca. Cuando llegamos está casi vacía, pero el local cuenta con una tecnología, que me deja pasmada, y que crea hologramas de personas en la pista, dando la sensación de mayor afluencia. Parece engañarnos, porque al poco rato estamos, con nuestras copas, bailando animadamente.

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De repente se produce un revuelo, cuyo motivo no identificamos, pero que nos hace comprobar que el sistema de emergencia funciona a la perfección: automáticamente se encienden las luces, desaparecen los hologramas, para la música y en dos minutos se personan dos agentes  de policía, provistos de la última tecnología contra el crimen, unos pequeños escáneres de retina que, en segundos, identifican y buscan la ficha de antecedentes de los posibles sospechosos. 

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Parece que se ha producido una simple discusión entre dos chicos que han bebido más de la cuenta y a quienes, junto a algunos testigos, se procede a tomar declaración mediante grabación en mini cámaras de vídeo.  Cuando comprobamos que todo está solucionado, y tras mirar el reloj, nos disponemos a dar cierre a nuestra noche.


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Hoy duermo en un hotel del extrarradio, ya que mañana temprano vuelo a Canadá para dar una conferencia, y la conexión que se ofrece al aeropuerto, un tren en altura de alta velocidad, es muy conveniente. 

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Lo que no me acaba de convencer son las “habitaciones”. Una “moda” japonesa que conocí en una revista a eso de mis quince años, ha llegado a España: aún siendo de lujo, este hotel ofrece a sus inquilinos pequeños cubículos en lugar de los tradicionales dormitorios, equipados, eso sí, con todo tipo de tecnología.  Tras revisar el correo y consultar el tiempo que hará mañana en Vancouver en la pantalla cenital, dedico un rato a leer en el Ebook disponible el primer capítulo de la última novela de Isabel Allende, “publicada” póstumamente.  Finalmente, cierro los ojos, tras lo que automáticamente se apagan las luces, y me dispongo a  sumergirme en un reparador sueño.

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