En una época de continua conexión, de inmediatez en el acceso a la información, de vertiginoso ritmo, a veces lo impensable ocurre y lo vital deja de ocurrir. Como muestra, dos vídeos que he visto recientemente:
1.Soy aún una neófita en el “wassup”, aplicación que gran parte de mis amigos y conocidos utiliza y que parece haberse convertido en indispensable. Que aún no haya sucumbido a los encantos de esta prenda no quiere decir, ni mucho menos, que no sea habitual usuaria de redes sociales o puntual gestora del correo electrónico, herramientas que, al fin y al cabo, pueden crear contextos y hábitos de comunicación y propiciar situaciones tan descabellados y descabelladas como la siguiente…
2.El hecho de estar permanentemente conectados gusta a unos y es necesidad (a nivel profesional o a nivel personal) para otros. Sin embargo, la reconfortante sensación que algunos parecen experimentar al estar “enchufados” (al ordenador, al teléfono móvil o a la diversidad de dispositivos que comienzan por “i”)… ¿nos conecta realmente? ¿a qué nos conecta? Y, más importante aún… ¿de qué o de quién nos puede estar desconectando?
Estos dos vídeos supusieron para mí gran impresión. ¿Qué os sugieren a vosotros…?

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