martes, 3 de abril de 2012

Creando una definición de "cibercultura"


Tras la aproximación a una definición del concepto “cibercultura” que realizamos en la primera sesión presencial, tras la lectura de los blogs de mis compañeros y compañeras y tras un proceso de búsqueda personal en la red (buscar información sobre el tema en una biblioteca creo que costaría bastante, debido no a que no exista “literatura gris” sobre el tema, que también la hay, sino a que la actualización del espacio citado suele ser de una lentitud que se hace aún más evidente frente al vertiginoso ritmo de “la nube”) soy consciente de la gran cantidad de descripciones e interpretaciones existentes, por lo que he optado por ofrecer, a continuación, una revisión de aquellas que, por diferentes motivos, más me han llamado la atención.   

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En primer lugar, y como ya comentaba la compañera Milian en su blog, el origen del término “ciberespacio”, muy relacionado con el de “cibercultura” y definido como el “espacio virtual creado por las redes informáticas”, fue popularizado por el escritor de ciencia ficción estadounidense William Gibson, principalmente a partir de su obra “Neuromante” (1984). Desde entonces y hasta ahora tanto personas procedentes del ámbito académico como aparentes neófitos, quienes se han convenido en denominar “prosumers”, han ofrecido aproximaciones a este concepto.
  • Según Pierre Lévy (2007), profesor de Comunicación de la Universidad de Ottawa, y al que me atrevo a decir que todos bien conocemos desde que comenzamos este máster (principalmente por el neologismo por él acuñado, “inteligencia colectiva”) la cibercultura se refiere al “conjunto de las técnicas (materiales e intelectuales), de las prácticas, de las actitudes, de los modos de pensamiento y de los valores que se desarrollan conjuntamente en el crecimiento del ciberespacio, entendiendo este como “la ‘red’, el nuevo medio de comunicación que emerge de la interconexión mundial de los ordenadores y que designa también el oceánico universo de informaciones que contiene, así como los seres humanos que navegan por él y lo alimentan”.
  •  De acuerdo con Begoña Gros (2001), Vicerrectora de Innovación de la Universitat Oberta de Catalunya, la cibercultura hace referencia a todos los cambios de índole cultural que se están generando como consecuencia de la utilización de la informática como medio de información y comunicación. Gros señala cómo la cibercultura tiene la peculiaridad de estar desprovista de centro, de líneas directrices o de entidades ligadas a un tiempo y un espacio.
  • Figueroa Alcántara (1997) considera que el término cibercultura se refiere principalmente al impacto social derivado de las nuevas tecnologías vistas desde dos áreas: la inteligencia artificial (computación y ciencias de la información) y la biotecnología (porque conecta nuestros sentidos a la realidad virtual o al ambiente artificial creado por la computadora, como mecanismo protésico de órganos o sistemas fisiológicos humanos). Según este profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, la cibercultura puede ser entendida como un proceso de digitalización del mundo, que permite nuevas formas de control sobre el planeta, así como nuevas posibilidades de poderosos vínculos entre seres humanos, naturaleza y máquinas.
  • Según Patricia Bernal (2002), de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, la cibercultura es un concepto que surge en torno a la tecnología y que no es definido dentro de estructuras sociales vigentes. Bernal afirma que las cibercomunidades surgen como ámbitos de confluencia entre los servicios de información personalizada y los medios de información pública, siendo la cibercultura una forma de vida, una mentalidad y un extenso horizonte que marca múltiples posibilidades constructivas.
  • El sociólogo belga Derrick de Kerkchove (1999), actualmente Director del Programa McLuhan en Cultura y Tecnología, atribuye tres grandes características a la cibercultura, que pueden ayudarnos a definirla: la interactividad, la hipertextualidad y la conectividad.
  • Por último, y aunque probablemente sea de lo primero que todos hayamos leído, wikipedia define la cibercultura como esa cultura que emerge, o está emergiendo, del uso del computador para la comunicación, el entretenimiento y el mercadeo electrónico, como una cultura nacida de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y comunicación como internet y basada en las ventajas y las desventajas de la libertad absoluta, el anonimato y la aparición de ciberciudadanos con derechos y obligaciones.
Tras la pequeña muestra anterior, y siguiendo las palabras de Elisenda Ardèvol (2003), si hacemos una búsqueda en Internet introduciendo el término “cibercultura” nos podemos hacer una primera idea de la multiplicidad de acepciones y de la  diversidad de utilidades que le damos. Según esta profesora de la Universitat Oberta de Catalunya, la palabra cibercultura puede hacer  referencia a un libro académico, una línea editorial, a una sección de una revista  electrónica, a una empresa de productos informáticos, a la música, literatura y arte en red, a grupos de discusión sobre el posthumanismo, y a páginas web dedicadas  al ciberfeminismo o a lo ciberpunk. Lo “ciber”, más allá de un movimiento asociado  a las ideas cibernéticas y al mundo de la informática, connota también un estilo de  vida, una moda, un producto de consumo.

Es ahí precisamente donde ese prefijo “ciber”, que alude a la cibernética, se conecta con la raíz léxica “cultura”, conformando el neologismo que nos ocupa y que muchos de los compañeros y compañeras ya han definido atendiendo a las dos partes que lo componen para facilitar una mejor comprensión.

Para mí, y teniendo en cuenta todo lo leído, pero también lo experienciado, la cibercultura podría definirse como el tipo de cultura en el que un considerable porcentaje de la población de los países desarrollados está inmerso y que se caracteriza por el uso, contacto y consecuente influencia de las nuevas tecnologías y, a nivel macro, lo que se denomina "Sociedad red" (van Dijk, 1991; Castells, 2006), en la manera en la que las personas se comunican, se relacionan, aprenden, trabajan, pasan su tiempo de ocio, etc. es decir, en la manera en que las personas se desenvuelven en su día a día. 
Estas nuevas formas emergentes han transformado la cultura de una manera sorprendente, tanto cuantitativa como cualitativamente. Sin embargo... ¿hasta qué punto podemos hablar de una falla entre lo que antes considerábamos cultura y lo que ahora incluye esta...? En un comentario al post de la compañera Meritxell me pregunto algo más al respecto.

Y hasta aquí la primera parte de la tarea que se nos proponía. En posteriores posts, cuya publicación se dilatará algo en el tiempo debido a que estaré unos días sin conexión a internet, abordaré los que considero aspectos positivos y aspectos negativos de la cibercultura.

Referencias bibliográficas:

Castells, Manuel (2006). La Sociedad Red. Madrid: Alianza Editorial.
van Dijk, Jan (1991). La Sociedad Red.

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